EL IMPERIO OTOMANO.
A
finales del siglo XIII, Osmán I, un turco selyúcida y líder de una tribu nómada
de (actual Turquía), empezó a conquistar la región mediante incursiones contra
el Imperio bizantino cristiano, que estaba cada vez más debilitado. En el año
1299 se autodeclaró líder supremo de Asia Menor y sus sucesores continuaron
expandiéndose por territorio bizantino con la ayuda de mercenarios extranjeros.
Osmán es el hombre considerado como el fundador del imperio, su nombre a veces
se escribe Ottman u Othman, de ahí el término 'otomano'.
Los
selyúcidas habían llegado de las estepas asiáticas en el siglo XI d.C. y habían
estado en Anatolia durante generaciones. Osmán había gobernado un pequeño
territorio de Anatolia a fines del siglo XIII y principios del siglo XIV.
Durante
la mayor parte de su historia, el Imperio otomano fue gobernado por un monarca
absoluto llamado «sultán». Era una monarquía hereditaria pero el sultán elegía entre
los hijos de sus concubinas quién lo sucedería. Los hijos que no resultaban
elegidos eran enviados como gobernadores a regiones lejanas junto a sus madres
para evitar levantamientos y conflictos.
El
sultán gobernaba desde el palacio imperial con la colaboración de un grupo de
asesores, los visires, encabezados por el gran visir, que era una especie de
primer ministro. El cargo de gran visir era ocupado, muchas veces, por el hijo
elegido para suceder al sultán.
La
autoridad religiosa del imperio era el califa.
En
1876, se estableció una monarquía constitucional que duró dos años, ya que en
1878 Abdul Hamid reestableció la monarquía absoluta. Sin embargo, en 1909 el
grupo Jóvenes Turcos restauró la monarquía constitucional que continuó hasta la
disolución del Imperio.
Mientras
fue una monarquía absoluta, la sociedad otomana estaba compuesta por súbditos
que tenían dos categorías: los funcionarios, militares y sacerdotes, asociados
directamente al sultán y los trabajadores, como los campesinos, artesanos y
comerciantes que eran la mayor parte de la población y pagaban impuestos.
También
existían numerosos esclavos obtenidos de los territorios conquistados y a
través del comercio.
Era en
gran medida un guerrero al estilo de otros grandes oficiales de caballería de
la Edad Media, como Gengis Kan antes de ganar un imperio. Eso fue ocurrió en la
primera mitad de la historia del imperio, cuando los sultanes regularmente iban
a luchar en las batallas junto a su ejército. Pero a medida que el imperio
maduró y luego menguó, los sultanes comenzaron a eludir sus deberes en el campo
de batalla. No obstante, durante su vida fue considerado tan poco importante
que no se tiene absolutamente ninguna fuente contemporánea sobre él. No sabemos
cómo era ni tenemos proclamaciones de su reinado, ya que este comenzó en lo que
entonces era la Edad Edad Oscura otomana.
Fue en
el día de la coronación de su sucesor, que comenzó la tradición de llevar la
espada
de
Osmán ceñida por su cinturón. Se convirtió en el equivalente otomano de ser
ungido y coronado en Occidente y fue un recordatorio para los 36 sultanes que
le siguieron de que su poder y estatus provenían de este legendario guerrero y
que eran gobernantes marciales.
El 29 de mayo de 1453, el sultán Mehmet II, descendiente de Osmán I, logró derrotar al Imperio bizantino cuando conquistó la ciudad de Constantinopla La ciudad que llevaba el nombre de Constantino, primer emperador cristiano de Roma, pasó a denominarse Estambul, una versión de stin polis que en griego significa «en la ciudad» o «a la ciudad». La conquista de ese imperio, concretada con la caída de Constantinopla en 1453, cambió la dinámica entre Europa y Asia y suele considerarse como el fin de la Edad Media y el comienzo de una nueva etapa histórica.
En su
apogeo, el Imperio otomano fue un actor importante en la política europea y albergaba
más cristianos que musulmanes. Sin embargo, en el siglo XVII empezó a perder fuerza.
Hasta entonces, siempre había habido nuevos territorios por conquistar y nuevas
tierras que explotar, pero cuando fracasó un segundo intento de conquistar
Viena en 1683, empezó a debilitarse.
La
intriga política en el sultanato, el fortalecimiento de otras potencias
europeas, la competencia económica debido a las nuevas rutas de comercio y el
comienzo de la Revolución Industrial desestabilizaron un imperio antaño sin
igual. Para el siglo XIX, habían puesto al imperio el nombre burlón de «el
hombre enfermo de Europa» por su territorio disminuido, su recesión económica y
su mayor dependencia del resto de Europa.
Haría
falta una guerra mundial para poner fin de una vez por todas al Imperio
otomano. El sultán Abdul Hamid II, ya muy debilitado, consideró brevemente la
idea de una monarquía constitucional antes de cambiar de rumbo a finales de la
década de 1870. En 1908, los Jóvenes Turcos reformistas organizaron una
revolución y restauraron la constitución.
Los
Jóvenes Turcos que ahora gobernaban el Imperio otomano querían fortalecerlo, lo
que asustó a sus vecinos de los Balcanes. Las subsiguientes guerras de los
Balcanes provocaron la pérdida del 33 por ciento del territorio restante del
imperio y de hasta un 20 por ciento de su población.
Con la
Primera Guerra Mundial al acecho, el Imperio otomano estableció una alianza secreta
con Alemania. La guerra posterior fue desastrosa. Durante la Gran Guerra, el ejército
otomano perdió más de dos tercios de sus soldados y murieron hasta tres
millones de civiles. Entre ellos figuraban 1,5 millones de armenios, asesinados
en masacres y en marchas de la muerte durante su expulsión del territorio
otomano.
En
1922, los nacionalistas turcos abolieron el sultanato y acabaron con el que en
su día había sido uno de los imperios más prósperos de la historia.
Comenzó
como uno de los pequeños estados turcos del Asia menor, pero a lo largo de los
siglos creció hasta controlar el Sudeste europeo, el Medio Oriente y el Norte
de África, tomando parte de las potencias mundiales de su época.
Los
sucesores de Osman arrasaron las posesiones bizantinas en Anatolia y Europa, e incluso
se apoderaron de los Balcanes a fines del siglo XIV. Los europeos trataron con vehemencia
de luchar contra los otomanos, pero fracasaron, sobre todo en las batallas decisivas
en Kosovo (1389) y Nicópolis (1396).
Los
turcos encontraron un rival igual de poderoso, no del oeste sino del este,
cuando enfrentaron las fuerzas del Imperio timúrida (por un conflicto
territorial en Anatolia) bajo el mando del turco-mongol Timur (también conocido
como Tamerlán, r. 1370-1405) cerca de Ankara en 1402. Los otomanos fueron derrotados
y el sultán Bayezid I (r. 1389-1402) fue hecho prisionero tras la derrota en
1402.
Si deseas conocer más sobre el origen del imperio otomano te recomendamos ver el siguiente video.



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